Sobre mí

Hay mucha gente que no está contenta con su cuerpo. 

Se miran al espejo y sienten vergüenza. Van a la piscina o a la playa y no se sienten cómodos. Salen a la calle, a cenar o al trabajo y no les convence su imagen.

Necesitan un cambio.

La vida está llena de cambios.

Yo mismo cambié de carrera, preparé unas oposiciones, volví a cambiar de carrera, he trabajado por cuenta ajena y ahora, llevo mi propio negocio.

Yo también he sentido vergüenza por mi físico.

Al quitarme la camiseta en público. O al llevar una camiseta un poco ajustada.

Ya no. 

Ahora sé cómo entrenar, cómo comer y cómo compaginarlo con mi vida, en mi día a día.

Me gusta entrenar, me lleva menos de una hora y disfruto a lo grande de las comidas.

Además, he incorporado una serie de hábitos que, sinceramente, me han dado una salud de hierro. O, al menos, así me siento yo.

Y a eso me dedico en este proyecto: 

«Te ayudo a ponerte fuerte y perder peso (y mejorar tu salud) de la forma más rápida y económica que conozco. La misma que yo utilizo».

Te voy a contar una historia que como poco va a entretenerte:

Cuando tenía unos 20 años me dieron una patada voladora por la espalda.

Era la feria de mi ciudad, Linares, y estábamos de botellón, como era costumbre antes de ir a las casetas. 

Raro era el botellón en el que no había una pelea como mínimo. 

Y como no podía ser de otro modo, ese año también la hubo. Pero con una peculiaridad, la cosa iba con mi hermano, con uno de ellos.

Cuando me enteré, un escalofrío recorrió toda mi espalda, se me agitó la respiración, se me pasó la borrachera… –Mi hermano, murmuré– Y salí corriendo a socorrerle. 

La historia es larga y no viene a cuento contártela detalladamente aquí, pero para que te hagas una idea, dos de mis hermanos y yo, nos vimos envueltos en una pelea contra una marabunta de gentuza de toda clase de no menos de 20 personas.

La cosa no acabó tan mal para lo que podía haber ocurrido. Ni siquiera se me rompieron las gafas.

Y en un momento de la trifulca, entre puñetazos y patadas, un tío de metro ochenta aproximadamente, creyó oportuno propiciarle una patada voladora en la espalda a un enano de 162cm, con gafas y pelo rizado (ese era yo). 

Efectivamente, no tuvo que saltar mucho.

Por supuesto, caí de boca al suelo.

(Para cuando me levanté, la pelea ya había terminado).

Me tocaba la espalda. Ni una molestia. Milagroso.

¿Las gafas? Intactas.

Una victoria, podríamos decir.

Bromas a parte, lo que te quiero decir con esta historia es que todo es cuestión de actitud.

Yo no quería meterme en un follón así, pero no me quedaba otra.

Nunca pensé que me vería inmerso en una pelea de esas características, pero estaba preparado, física y mentalmente.

Y ese es uno de los motivos por el que entreno mi cuerpo y mi mente.

Como decía Georges Hebert:

“Être fort pour être utile” (Ser fuerte para ser útil).

Por supuesto que entreno también porque me gusta verme fuerte en el espejo, porque me gusta que en la playa la gente me pregunte que cómo lo hago, porque me siento más confiado para pedir el número de teléfono cuando una mujer me resulta atractiva, porque quiero ser y estar más fuerte que el resto…

Por todo eso y más.

Pero no son mi motor principal.

En una entrevista del podcast “Tengo un Plan”, comentan que al empezar un negocio, al principio lo haces por el dinero. Pero que cuando lo obtienes, cuando ganas suficiente dinero, continuas por el placer de ayudar y satisfacer las necesidades de la gente, de tus clientes.

Con el entrenamiento ocurre igual, al principio lo haces por verte fuerte, para que te vean fuerte, para llamar la atención. Una vez lo consigues, dejas de hacerlo por ego y pasas a hacerlo por placer. Porque te satisface y te hace sentir bien entrenar, comer y cuidarte.

En fin, no quiero extenderme más.

Da igual cual sea tu motivo.

Para empezar a cuidarse, cualquier motivo es válido.

En la pelea de mi hermano, mi motivo era única y exclusivamente “protegerle”. No pensé en otra cosa que no fuera protegerle. No pensé en la cantidad de gente que había, ni en el miedo ni en nada que no fuera proteger a mi hermano.

Cuando empecé a entrenar a los 15 años, lo hice para ser más fuerte que el resto de compañeros de mi clase de Educación Física.

Después, cuando vi los resultados físicos frente al espejo, continué por estética. 

Sienta bien que te digan lo bien que estás.

A día de hoy, entreno por hábito. Me lo pide el cuerpo. Le escucho y le hago caso.

Hasta llegar a este punto han transcurrido más de15 años. 

He tenido altibajos, pero nunca he dejado de entrenar del todo. 

He pasado por las pesas, la calistenia, el CrossFit, he corrido medias maratones, carreras de 10K, he practicado JiuJitsu Brasileño, he competido en Krav Magá…

Y ahora, que el tiempo no me permite entrenar todo lo que me gustaría, he programado mi propio entrenamiento que satisface mis intereses principales: fuerza, potencia, resistencia y velocidad.

Y por supuesto, rendimiento, estética, salud y hábito

Todo es cuestión de actitud.

Nadie va a convencerte de que lo hagas. El cambio sólo puede venir de dentro de ti. Si no, no será duradero o ni siquiera lo logres.

Si lo tienes claro. Si sabes que quieres hacer ese cambio. Mejorar tu físico y con ello tu salud, yo te puedo ayudar.

Porque un cambio físico mejora la vida de cualquier persona.

Por eso he creado este proyecto.

Y en mi newsletter te enseño realmente cómo conseguirlo:

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