Cuando tenía 15 años, en clase de Educación Física, me di cuenta de que no era tan fuerte como pensaba.
Teníamos que superar unas pruebas físicas para aprobar el trimestre. Y un par de meses para prepararlas. En el test inicial, estaba por debajo de la media en lanzamiento de balón medicinal, en comparación con el resto de niños de mi clase.
Por eso empecé a entrenar. En casa. Con una mancuerna, flexiones y una barra de dominadas.
El cambio fue considerable.
Dos meses después, sobresaliente en las pruebas físicas.
15 años después, aquí estoy. Entrenando casi diariamente.
Es un hábito. El cuerpo me lo pide. Y yo le escucho y le hago caso.
Durante todo este tiempo, dos han sido las razones principales por las que he entrenado:
- Rendimiento.
- Estética.
Parece que hoy en día está mal visto decir que entrenas por estética. Pero lo que es una tontería es pensar que entrenar por estética es una tontería.
Digan lo que digan, un cuerpo atlético es más atractivo.
Y buscar ser más atractivo es un buen motor para empezar a entrenar.
Pero no el único. También entreno por competencia. Para ser y estar más fuerte que la gente de mi alrededor. Para tener más posibilidades de defenderme si fuese necesario. Para vencer. Para sentirme más confiado ante cualquier tipo de adversidad física. Para ser más útil.
Y por supuesto, por salud. Estudié Educación Física y me conciencié de la importancia de hacer ejercicio físico para estar más sano. A día de hoy no entreno tanto por salud, como para envejecer siendo físicamente lo más independiente posible. O, al menos, prolongar esa independencia.
Después de tantos años, entrenar ha pasado a formar parte de mi identidad. Los que me conocen saben que soy alguien que entrena. Me caracterizo por eso, entre otras cosas. Y eso me gusta.
La mayoría de la gente no entrena y, los que entrenan no lo hacen con los resultados que esperan. Y eso me hace diferente. Y ser diferente es bueno. Siempre que esa diferencia suponga un beneficio y no un perjuicio.
Y gracias a todo este proceso, entreno por hábito. Llevo tanto tiempo entrenando que, no entrenar no es una opción para mi. El cuerpo me lo pide.
Por supuesto que hay días que no entreno por pereza. Y otros en los que antepongo otros intereses al entreno. Pero esos días son los menos.
¿Qué porqué te cuento todo ésto?
Por que me apetecía.
Y porque puedo echarte una mano para que logres el físico que quieres sin depender nadie. Ni siquiera de mi mismo.
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