Cambiando el enfoque de fácil y difícil.

Todas las mañanas, antes de ir a trabajar, haga frío o llueva, sea verano o invierno, fin de semana o lunes, me doy un baño en la piscina.

Es un hábito. Muy rara vez no lo hago. 

Esta mañana, sobre las 7:30 AM, estaba yo echando una meadita previa a mi bañito matutino y he pensado:

«Que difícil es estar siempre predispuesto a darme el baño en la piscina». 

Quiero decir, me sentía fuerte mentalmente como para salir a la terraza sin pensármelo dos veces  –salir a la terraza una fría mañana de invierno para darte un baño en la piscina cuando aún no ha salido ni el sol, no siempre es fácil– 

Entonces, como decía, pensaba que mantener esa actitud o predisposición todos los días sería o, mejor dicho es, muy difícil. 

Pero acto seguido, ese pensamiento ha sido atropellado por su opuesto:

En realidad, lo difícil es no estar predispuesto a hacerlo sabiendo que vas a hacerlo. 

Lo que hace que todo sea más difícil es hacerlo sin ganas. Hacerlo pensando en lo mal que lo vas a pasar, en que vas a tener que mantener una lucha mental para soportar el frío. 

Pensar en que vas a estar mojado y frío.

Y que tienes que secarte a la intemperie. 

Y que aún es de noche y estarías más a gusto en tu cama. 

Porque todo se vuelve más pesado, difícil, duro cuando lo haces sin ganas. Cuando te lo tomas como una obligación. Como si no viniera de ti mismo.

Lo fácil es hacerlo cuando tienes ganas de hacerlo. Cuando te sientes fuerte. Cuando vas concienciado. Eso es lo fácil.

Y así con todo:

  • El entrenamiento.
  • La dieta.
  • El trabajo.
  • Los niños.
  • Las responsabilidades.

El quid de la cuestión está en cambiar el paradigma con el que miramos nuestras “obligaciones” autoimpuestas:

Aceptar voluntariamente nuestros objetivos y obligaciones. Aceptar voluntariamente las responsabilidades de las que nos tenemos que responsabilizar.

No digas  “tengo que…”. Porque parece una imposición externa. Y a nadie le gusta que le digan lo que tiene que hacer. A nadie le gusta verse obligado a hacer algo.

Todos queremos decidir qué hacer. Por eso, adelántate a ti mismo, a tu mente. Y si sabes que vas a tener que hacer algo, hazlo. Pero tomando tú la decisión de hacerlo, en vez de sentirte obligado a hacerlo.

Poco más que decir al respecto.

En relación a todo ésto. Si entre tus intenciones u objetivos para este año o el próximo está el ponerte en forma.

Si ya lo has intentado otras veces y no lo has conseguido.

Si entrenas todas las semanas pero no terminas de conseguir los resultados que estás esperando.

Déjame decirte que es bastante más fácil de lo que la gente se propone. Que quizá algo estás haciendo mal. Pero eso no significa que sea difícil.

Lo difícil era tomar acción. Empezar era lo difícil. Tener la mente predispuesta a lograrlo es lo difícil. 

Si ya tienes las ganas, la mentalidad, la intención de lograrlo.

Si ya has empezado. Ya solo te queda lo fácil.

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