Mil veces más fácil

Lograr el cambio físico que quieres conseguir, no es tan complicado. Pero tienes que ponértelo «fácil». No es un todo o nada. Es un poco a poco y disciplina.

La mayoría de la gente no consigue el cambio físico que dice desear.

Una cosa es lo que decimos que queremos y otra cosa es lo que queremos.

Una cosa es lo que te gustaría lograr y otra es lo que quieres lograr.

“Me gustaría perder 5 kilos”, «Quiero ganar algo de peso», «Necesito hacer ejercicios para fortalecer mi espalda», … Y así podríamos seguir.

Pero sabes lo que eso supone: entrenar, comer bien y descansar mejor. Y no estás dispuesto a pasar por eso (si supieras lo gratificante que es, mil por mil que sí lo haría).

Te gustaría estar en forma, perder unos kilos, ganar algo de músculo, mejorar tu salud… Te gustaría… Pero no es lo que quieres realmente. No es una prioridad para tí. Porque sabes lo que eso supone. Y no estás dispuesto a pasar por eso.

Lograr ese cambio supone sustituir tus hábitos perjudiciales por otros mil veces más satisfactorios y mil veces más saludables. Pero mucho más sufridos. Porque requiere de un cambio de mentalidad. 

Y al principio, como todo lo realmente satisfactorio en la vida, al principio requiere de mucho esfuerzo. Empezar es fácil, conseguir tu objetivo, no tanto. Mantenerlo, si has seguido el camino correcto, es sencillo (que no fácil).

Hay cientos sino miles de motivos por los que no lograr mantener tus hábitos saludables. Pero el principal motivo –aparte de cómo de prioritario sea para ti– es la complejidad.

Seguimos rutinas de entrenamiento demasiado complejas, dietas demasiado estrictas y buscamos cambios demasiado rápidos.

La mayoría de las cosas que realmente merecen la pena, por no decir todas, requieren de tiempo y esfuerzo.

(Se que me estoy repitiendo, pero las cosas importantes hay que decirlas al menos dos veces, para que calen)

Entonces, te recomiendo que empieces con un solo hábito y lo hagas lo más simple y sencillo que puedas.

Por ejemplo, hacer 3 series de 10 flexiones 3 veces por semana.

Eso, no te lleva ni 10 minutos y si lo adaptas a tu nivel (a lo mejor 10 repeticiones son muchas para ti. O muy pocas), estarás dando a tu cuerpo el estímulo mínimo necesario para producir un cambio en tu pecho, tríceps, hombros y, si me apuras, abdomen.

Por cierto, mi recomendación es que ese primer hábito sea el entrenamiento. Mucho antes que en la alimentación.

Quizás esperabas algo distinto, pero ¿qué pensabas, que leyendo la fórmula mágica automáticamente te desaparecieran los kilos que te sobran y se te marcaran los abdominales? 

Entrenar es solo el primer paso. Pero es el primero que tienes que dar.

Y no hace falta que vayas al gimnasio, de verdad.

Basta con que hagas ésto (no lo de antes, sino lo que sigue a continuación) 30 MINUTOS AL DÍA (a lo sumo), LOS LUNES, MIÉRCOLES Y VIERNES:

Te lo cuento en mi newsletter. Que ahora me apetece ponerme a entrenar y no quiero que se me pase la motivación.

Un saludo y, si te has suscrito, gracias de verdad por confiar en mí.

Que pases un gran día y una mejor noche.

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