Sobre la gente que no se cuida una mierda y luego le llora al médico

Normalmente no pienso en ésto. Porque es algo que no puedo controlar. Pero hoy quiero hablar de ello.

Y es que, si me paro a pensarlo, me toca bastante las narices la gente que no se cuida una mierda: apenas se mueven, no entrenan, comen mal, duermen peor… Vamos, que tienen unos hábitos paupérrimos y no hacen nada para cambiarlo.

Pero que cuando sufren un achaque, van corriendo al médico, lloran y quieren una solución fácil y rápida para seguir viviendo igual, con los mismos hábitos.

Es absurdo. Son absurdos. 

Sobre todo, porque ellos mismos saben lo que tienen que hacer, saben que ese estilo de vida les hace mal o les puede hacer mal y que puede desembocar en un desastre para ellos mismos y su familia. 

Y sin embargo, como parece algo lejano o que solo le ocurre a los demás, no cambian nada.

Pero saben perfectamente que deberían moverse más, entrenar un poco, comer mejor, beber menos alcohol, dejar de fumar o reducirlo considerablemente. Saben todo eso, pero no lo hacen.

No sé si tú, que estás leyendo ésto, eres de esas personas. Si es así, no es mi intención atacarte ni ofenderte, sino despertarte. Haz algo. Y hazlo ahora. Porque después, quizá sea demasiado tarde.

Y si aún a sabiendas de todo ésto, no piensas hacer nada, entonces te aguantas. Te aguantas cuando, por culpa de tus acciones, enfermes. Te aguantas cuando, por consumir toneladas de azúcar, te diagnostiquen diabetes o te de un infarto. Aguántate si se te dispara la tensión o si, por un exceso de peso y baja masa muscular, te duelen mucho las rodillas. Aguántate. 

Suena fuerte sí, pero te lo estás buscando tú solo. Y no quieres hacer nada para evitarlo. O por lo menos, prevenirlo.

Dice Jordan Peterson: 

“Trátate a ti mismo como si fueses alguien que depende de tí”.

¿A qué se está refiriendo?

A que solemos tratar mejor a nuestros seres queridos, a aquellos que en algún aspecto u otro, dependen de nosotros –padres, hijos, amigos, pareja o mascota– que a nosotros mismos. Damos mejores consejos a los demás que a nosotros mismos. Nos preocupamos más por ayudar a los demás que por ayudarnos a nosotros mismos.

Pues deja de tratarte como si fueras tú mismo. Y trátate como si fueras tu amigo, tu hermano, tu padre o tu perro. Quizás así, hagas algo.

Y si no, luego no llores. No acudas al médico a por una solución fácil y rápida. A por un parche. Porque esa no es la solución. Eso es un parche. Eso no soluciona el problema, lo cubre. Lo tapa. Pero el problema sigue ahí.

Y lo mejor de todo es que, en la mayoría de los casos, existe una solución real y efectiva. La mayoría de estas enfermedades crónicas que padecemos a causa de nuestros hábitos son reversibles.

Y la solución es GRATIS. Y sencilla, que no fácil. Porque va a depender de nuestros hábitos. Y cambiar nuestro habitos es difícil, que no complejo.

No te lo vas a creer. No te lo quieres creer. Pero es la realidad.

Es la realidad que moviéndote más, comiendo mejor, entrenando un poco y descansando bien, casi con toda seguridad, todos tus problemas de salud se pueden solucionar.

Hoy no voy a venderte nada.

Hoy sólo pretendo concienciarte.

La decisión es tuya.

La responsabilidad es tuya. 

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